¡Rápidos y furiosos!: pedaleando contra la ley de convivencia vial y el acenso del automóvil

Como resultado del desarrollo económico y los procesos de modernización, el ordenamiento urbano y la disposición territorial para ciclos (vehículos no motorizados de 1 o más ruedas) se han convertido en los ejes más criticados de la planificación infraestructural urbana a nivel nacional. La ley de convivencia de modos (vial), aprobada el 11 de noviembre del 2018, supuso la instauración de una mejoría en la relación vial entre los múltiples mecanismos de transporte. No obstante, tanto por las prohibiciones como limitaciones de los recursos, la nueva normativa remeció y dividió negativamente a la comunidad ciclópata. ¿Qué tan preparado está Chile para la implementación de dicha normativa?

Bajo la adscripción de una premisa que impulsase una “reciprocidad armoniosa entre pares”, la propuesta modificaría la ley de tránsito N°18.290, promulgada en 1984, fijando nuevas consignas actitudinales tanto para peatones, ciclos y medios motorizados.

Ley de convivencia vial, ley de discordia vial

Las críticas en oposición a la normativa iniciaron inmediatamente tras su aprobación. Al realizarse una búsqueda en la plataforma «Sophia Project» con el concepto “Convivencia vial”, desde el 11/11/18 hasta el 27/12/18, se desprendieron 155 noticias, de las cuales más de 50 denotaban el descontento popular y la disconformidad por parte de autoridades regionales.

Uno de los estatutos más ambiguos radica en la prohibición de la circulación por las veredas de afluencia peatonal, revelándose así la inadecuada distribución espacial en las vías de traslado públicas céntricas. Vladimir Cárdenas, ex ciclista y profesor de educación de física del Liceo Armando Robles, considera que la infraestructura de las calzadas no estaría condicionada y preparada plenamente para el arribo de las bicicletas a causa de la excesiva presencia del parque automotriz. 

De igual forma, Cárdenas manifiesta que “constitucionalmente, el Estado debería luchar por el libre tránsito y desprivatización de las calles”.

Paralelamente, Marcela Villenas Obreque, Seremi de Transporte de Los Ríos, explicó el motivo de la destitución de los ciclos de las veredas radicaría en la imprudencia de los ciclistas contra los peatones, obstaculizando la seguridad de estos.

Otro punto causador de revuelo (muy vinculado con lo anterior) decanta en las ciclovías, su ausencia y situación de mantenimiento.

 

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La cultura como semilla del auténtico cambio

Otto Lührs, integrante del movimiento EnBicia2 y profesor de Educación Física de la Universidad Austral de Chile (UACh), sustenta que, a nivel nacional, existiría una distribución seccional y segregadora del espacio entre quienes se movilizan tanto a motor como a pedal por las vías. Lo anterior, respondería a una privatización de los espacios públicos por la ausencia de una normativa que impulse el trato amistoso entre vehículos, además de una fomentación insuficiente del conocimiento respecto a los códigos de conducta. Hace falta espacio cultural, hace falta espacio valórico.

Extracto de entrevista realizada a Otto Lührs

– Por lo visto, la solución a la “rivalidad” en las calles iría más allá de la implementación de normativas jurídicas, ¿sino en normativas actitudinales?

Sí. Hay que aclarar que el problema no es ciclista/peatón o ciclista/automóvil. El conflicto en el espacio público no tiene que ver con el auto, ni la bicicleta o el peatón. Tiene que ver con el ser humano y nuestra capacidad para comprendernos y tolerarnos”.

Según cifras de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset), en el 2017 se produjeron 94.879 siniestros viales y 1.483 individuos fallecieron. Un 6% del total de las víctimas fueron ciclistas (95), quienes protagonizaron 3.853 accidentes y 3.236 quedaron lesionados. Asimismo, en la última década han muerto 1.183 personas sobre dos ruedas.

Bajo este contexto, la ley de convivencia vial se formuló para establecer cierta mejoría en las relaciones viales y, de forma consecutiva, aminorar los siniestros. Sin embargo, para que la normativa funcione, debería inculcarse un paradigma cultural que facilite a la comunidad su procesamiento, su entendimiento, antes de su traslado a la práctica, pues la teoría tiembla ante la práctica, afirma el académico.

Asimismo, Germán Vilugrón, ciclista valdiviano, manifestó que la falta de cultura, tanto en los automovilistas como ciclistas, instauraría un complejo escenario carente de respeto y sobrepasado de infracciones.

De igual forma, recalcó que la fomentación de la cultural vial resulta trascendental para disminuir los accidentes en la vía y lograr una mejor convivencia.

No obstante, dicho respeto y educación cultural no se adjudicaría únicamente a los automovilistas. Tanto los ciclistas como peatones poseen responsabilidades. Según el «Estudio Seguridad Vial.: Zoom en la bicicleta(2017), el 44% de los ciclistas no utilizaría elementos de seguridad, sólo 4 de cada 10 conductores cumpliría con las normas de circulación y el 19% no realizaría una mantención al vehículo. Asimismo, la Conaset sostiene que en 2017 al menos 10.000 peatones estuvieron involucrados en accidentes de tránsito, 537 fallecieron y el 66% acaeció por imprudencias del caminante.

La motorización del sector público: ¿el génesis de la disfuncionalidad y el temor hacia las calles?

Alarmantemente, la población ha debido metamorfosear sus condiciones de vida acorde a un sistema de movilización vial en el que rigen carreteras gobernadas por convertidores catalíticos y calles motorizadas de norte a sur. Según la Encuesta Anual de Vehículos de Circulación del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 2017, en Chile circularon un total de 5.079.718.704 vehículos, equivaliendo a 229.759 unidades más que en 2016. Al finalizar el 2018, se estima que el acenso del parque automotriz superará los 5.5 millones, duplicándose los 2.7 millones registrados en 2007. A nivel zonal, en 2017, la región de Los Ríos totalizó 97.497 vehículos en circulación, una cifra mayor en 5.600 unidades (6.1%) en contraste con el año antecesor, y desde 2007, el acenso motriz se ha elevado a un 115,3%.

Lührs enfatiza que la afluencia automovilística representa una problemática que entorpece la eficiencia de la gestión técnica del espacio público.

Entretanto, el uso de la bicicleta crece alrededor de un 20% al año, a partir de datos propiciados por la Secretaría de Planificación de Transporte (Sectra) en el «Análisis Normativo de La Bicicleta«. Por consiguiente, la disposición de condiciones de desplazamiento seguras, tanto por el acelerado incremento del parque automotriz como por la utilización de los ciclos, resulta indispensable para el desarrollo armónico urbano y el fomento de la bicicleta. Sin embargo, la normativa ocasionaría el efecto contrario, pues “acrecentaría aún más el miedo de los ciclistas hacia las calles, obligándonos a lanzarnos a una jaula de leones, ante conductores que no nos respetan y cruces incapacitados”, afirma Daniel Vásquez, ciclista y estudiante de la UACh. Asimismo, el International Transport Forum, sostiene que la interferencia de los automóviles disminuye más del 5% la accesibilidad y el desplazo de modos no motorizados.

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Escrito por Sofía Coloma S., Francisca del Río A., y Héctor Pérez R.

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